martes, 16 de diciembre de 2014

Capítulo XV.

Capítulo XV.

Perdiendo mi religión.



Abrí los ojos gracias a una luz blanca. Cuando mi conciencia se recobró me dí cuenta de que estaba en un hospital, y no muerta. ¡Oh! Soy tan inútil. Ni siquiera pude matarme. Los médicos me veían con una expresión de lástima, ugh.

-Necesito un cigarrillo. -Fue lo primero que dije.

Resultó que mis padres cuando llegaron y me vieron en un charco de sangre, llamaron a la ambulancia. Lograron coserme los cortes y hey, aquí estoy.
Teresa y Eric estuvieron en el hospital toda la noche, se preocuparon por mí y olvidaron lo enojados que estaban. No hubo rastros de Damián. Mis padres me abrazaron y me dijeron que lo sentían y que me amaban. No di muchas explicaciones al respecto, pero de ahora en adelante tendré que ir a terapia, que es lo peor de todo. Ojalá hubiese muerto de verdad. ¿Es que nada me sale bien?

Pero... ¿Qué me pasó? Si yo era una niña cuyo color favorito era el rosa y su mayor sueño era viajar a Disney, ¿qué... sucedió? Todo era más sencillo antes. ¿Cuándo se convirtió todo en esta mierda?

-Ay, Sam, lo siento, lo siento, lo siento tanto... No tenía idea de que te sentías así, y soy tan estúpida que te dejé sola. Lo siento. ¿Podrías perdonar a esta vieja amiga? -decía Teresa entre lágrimas
-¡Claro que sí! Dejá de llorar y abrazame, vení.
-Uhm... -se escuchó la voz de Eric en el medio de nuestro abrazo- yo también lo lamento. Nunca quise llamarte puta y todas esas cosas horribles. Estaba muy molesto, Sam, yo no...
-Sh, cerrá la puta boca y vení a abrazarme.

Luego de charlar con mis padres, pedirles disculpas, abrazar a Daniela y disculparme de nuevo acordamos que el viaje a Nueva York se porpondría, ya que tenía que ir a rehabilitación y no me encontraba en la situación adecuada.

Salí del hospital dos días después. Mi terapia serían unas charlas tres veces por semana, en grupo, en un salón. Hoy era mi primer día. 
Llegué al lugar, entré y me sorprendí al darme cuenta de que la mayoría de las personas eran más pequeñas o más grandes de lo que yo era. Sólo había una chica de mi edad, que tenía el cabello completamente violeta, ojeras, ojos oscuros -casi negros-, era demasiado flaca para mi gusto, tenía buenos pechos y marcas de... ¿eso eran pinchazos? probablemente de una jeringa..... heroína. Eso era. Hmmmm siempre había querido probar esa droga, mucha gente dice que es mejor que el sexo. Debo acercarme a ella.
El grupo era de nueve personas, y había un asiento vacío, quiero creer que faltará alguien. No sabía que a esto se podía no asistir, ¡maldita sea!

-Muy bien -dijo el hombre que quiero creer que sería el líder del grupo o algo así- vamos a darle la bienvenida a dos chicas nuevas de nuestro grupo: Samantha y Amanda. Mi nombre es Christofer, pero pueden llamarme Chris.
-Sus nombres riman -dijo un chico de alrededor de doce años, y me pareció un comentario demasiado estúpido.
-Tenes razón Kevin -contestó Chris. - Chicas, ¿desean presentarse? ¿Sam?
-Uhmm.. ¿Esto es algo así como alcohólicos anónimos? ¿Yo digo "mi nombre es Samantha y todos dicen "hola Samantha"? -Dicho esto, escuché un par de risas.
-No. Sólo decí lo que quieras de vos misma, y de cómo llegaste aquí. Compartí lo que te sientas cómoda de contar. -expresó con cierto tono de fastidio en su voz.
-Está bien. Mi nombre es Samantha, tengo 17 años, intenté suicidarme. Por lo que me dijeron soy adicta a las drogas, el alcohol, y soy promiscua. -dicha la última palabra, la chica hermosa de pelo violeta se rió un poco. -Oh, y también soy bisexual. -lo dije observándola, y ella me respondió mordiéndose un labio.Oh, es tan condenadamente atractiva.
-Em... Bueno, me parece perfecto. ¿Amanda? ¿Te gustaría compartir tu historia?
-Anorexia nerviosa. Adicción a la heroína y otras drogas. Auto lesión. 19 años. -Respondió la chica del pelo violeta.
Wow. ¿Ella era Amanda?
Durante el resto de la cesión lo único que hice fue mirarla, llamar su atención, y ella lo mismo de mí. Me alegra saber que las dos estábamos buscando exactamente lo mismo. Después de todo, esto de terapia no parece tan malo.

Al salir de la clínica (la terapia se hacía allí), me dispuse a encender un cigarrillo mientras esperaba a que Amanda saliese.
-¿Me das un cigarrillo? -dijo, apareciendo detrás de mí.
-Ugh, este es el último. Pero te lo puedo compartir.
-Hmm, no, dejá. En mi auto tengo más, vení.
Y así fuimos hacia el estacionamiento que estaba completamente vacío, y por un segundo me sentí en una mala película en la cual me violarían o me robarían. Entramos en su auto, y ella sacó un paquete de Camel. Mientras fumábamos, comenzamos a charlar.
-¿Por qué te quisiste suicidar?
-Demasiada mierda junta. ¿Desde cuándo te drogás con heroína?
-Desde los 15.
-¿Crees que podrías conseguirme un poco?
-Seguramente sí. Ahora no tengo nada, dentro de unos días o la semana que viene te puedo dar.
Nuestra conversación se fue desviando, nos reíamos, fumábamos, parecía todo perfecto. Hasta que quedó sólo un cigarrillo, y yo lo agarré.
-Eh, ¡dame! -me reclamó ella.
-Si lo queres, vení a buscarlo. -me insinué.
Y cigarrillo va, cigarrillo viene, comenzamos a besarnos y a ir a los asientos de atrás. Ella se tiró encima mío y comenzó a desabrocharme el pantalón y a bajarlo, lo mismo con mi bóxer, y luego metió su cabeza -y posteriormente su lengua- allí. El automóvil se llenaba de gemidos y jadeos. Yo desabroché su camisa y lamí cada parte de su piel -y de sus hermosos pechos- que pude, mientras metía mi mano debajo de su falda. Después de quién sabe cuánto tiempo, y ya reacomodadas en el asiento de adelante, se ofreció a llevarme a mi casa y yo accedí.
-Así que... de verdad eras promiscua, ¿eh?
-Ohh, cállate. -dije entre risas- ¿y vos sos bisexual también?
-No, yo soy lesbiana.
-¿En serio? No lo parecías.
-Lo sé. Trato de esconderlo, ya sabes, los estúpidos prejuicios de la gente. Hey -dijo tratando de desviar el tema- ¿para dónde es tu casa?
-Doblás a la derecha, a media cuadra.
-Ok
Una vez que llegamos, le agradecí y me marché.
Al entrar en mi casa, me di cuenta de que estaba vacía, y había una nota en la heladera en la que mis padres decían que habían ido de compras con Daniela. Oh, claro, la prefieren a ella, no a la enferma, no a la que se intentó suicidar. Es comprensible.
Mientras iba por mi tercer vaso de Jack Daniel's, sonó mi teléfono.
-¿Hola?
-Hola Sam.
-¿Damián? -sonreí.
-Así es. Hey escuché que te intentaste suicidar, ¿Es cierto?
-Sí, pero ahora estoy perfectamente bien.
-Perdón si no fui a visitarte mientras estabas internada, no me gustaría haberte visto rodeada de médicos y máquinas y... esas cosas.
-Está bien, no hay problema. -la conversación se estaba poniendo incómoda, así que para desviarla cambié de tema- hey, ¿haces algo ahora?
-Más tarde, tengo un rato libre. ¿Querés que vaya a tu casa?
-¡Sí!
En cuestión de media hora (o menos), él estaba en mi casa. Prefería estar con cualquier persona antes que estar sola. Aunque, no era cualquier persona, ¡era Damián, y me estaba hablando y viendo! ¡Ya no me ignoraba!
-Sam, estás más hermosa que nunca. -me dijo mientras subíamos a mi habitación.
-Oh, para nada.
-Sí, aceptalo. -seguía insistiendo mientras me empujaba contra la pared y comenzaba a besarme y apretarme los pechos, y yo a bajar la cremallera de su pantalón y agacharme...

miércoles, 30 de abril de 2014

Capítulo 14.

Capítulo XIV

Nada que perder.

Eric había abierto los ojos y caído en su realidad. 

Estaba en la cama de Samantha.

Y había dormido agarrado de la mano con ella.

Lo más probable es que fuese el mediodía. El sol se colaba entre las rendijas de la persiana medio baja. Aunque, en la cama sólo estaba él.
Se levantó y fue hacia la cocina (o lo que creía que era la cocina, ya que nunca había estado ahí antes), y se econtró a Sam con una botella de vodka en la mano. Lo saludó con la mano que tenía libre.
-Hey
-¿Tan temprano y ya autodestruyendote?
Miró a la botella y lo miró a él. Se encogió de hombros.
-Cuando te quieras ir, la puerta está sin llaves.
-¿Y tu familia?
-No lo sé, ni me interesa. Si desaparecieran, mejor. O mejor si desapareciese yo, ya demasiado daño y decepción les causé. Ya perdí las esperanzas de que algún día digan "estamos orgullosos de vos", porque no lo van a hacer. -Dio un largo trago a la botella-
-No, Sam, no pienses así...
-¿Y qué querés que piense? ¿Qué dirían tus padres si fueses como yo? Soy un desastre.
Y en ese momento, él hizo algo totalmente inesperado. Se acercó hacia donde estaba ella, la abrazó durante un largo tiempo que para él fueron segundos, y la besó. Su boca sabía a vodka, cigarrillos, y quién sabe que más. Pero seguía siendo única. Nunca había sentido eso besando a cualquier otra chica. Peor más que un beso por calentura, lo que quería transmitirle era aquella palabra que ya no tenía lugar en la vida de Samantha: amor. 
Y nunca supo en realidad cómo lo sintió ella, pero, de todas formas, el beso se lo devolvió. Y lo abrazó. Lo agarró de la nuca y jugó con su cabello. 
Terminaron ambos abrazados con los rostros muy cerca, al punto que se rozaban las narices. Mientras tanto, Eric le decía en voz baja lo mucho que la apreciaba. No podía creer que eso estuviese ocurriendo realmente, lo había soñado demasiado desde que ella le rozó los labios aquella noche en la fiesta de Halloween. 
Luego de un rato con la cabeza de ella apoyada en su pecho, y de posteriormente separarse, Eric dijo:
-Será mejor que me vaya.
-Está bien. ¿Te veo mañana en la escuela?
-Sí. 
-Oh, genial. Hasta entonces. 
Y se fue, sonriendo ampliamente para sus adentros. 

Aunque, no le duró mucho, ya que en el camino se encontró a Damián, viéndolo a él salir de la casa de Sam.

**

Teresa faltó. Maldita rubia zorra. ¿Ahora cómo voy a hacer para soportar a todos estos imbéciles?
Las horas pasaban y me aburría cada momento más. Historia, geografía, biología, física, química, informática... ¿Al fin y al cabo, de qué me van a servir en un futuro? Bueno, suponiendo que yo tuviese futuro. 
La próxima clase tocaba literatura. Me iba a sentar con Damián, así que fui al baño a verme al espejo para estar más o menos decente. Me quité el delineador de abajo de los ojos que me hacía parecer con ojeras enormes, me traté de peinar mi maraña de cabello, y, cuando en el pasillo estaba a punto de llegar al aula, Ayelén me bloqueó el camino, me tomó del cuello y me puso contra la pared.
-Veo que te estás divirtiendo con Damián.
-¿Qué? No sé de qué estás hablan..
-Sí que sabés, puta. 
Dicho esto, me arrastró del pelo hacia aquel pasillo por el que nadie pasa, y me golpeó junto con sus amigas en todo el cuerpo, menos la cara. 

-¿Estás bien? -Me preguntó Damián a la salida del instituto.
-Sí, perfectamente -Mentí.
-¿Querés venir a mi casa?
-¿Ahora?
-Sí, ¿Por qué no? Sólo un rato igual. Después tengo cosas más importantes que hacer.
Y lo que dijo debo admitir que me dolió. Me dolió porque sonó extremadamente frío. Aunque... ¿Acaso no lo soy yo también?
Una vez en su casa, en su habitación, quise comenzar a hablarle lo que me había hecho Ayelén unas horas antes.
-Damián, sabes que...
-shh -comenzó a besarme el cuello
-Es que, Ayelén...
-Ayelén, Ayelén, Ayelén, Ayelén... Es lo que menos me interesa ahora. Ahora quiero concentrarme sólo y únicamente en vos. 
Y bastó que dijera eso para que yo cierre la boca; mientras él empezaba a sacarme la remera...

**

Terminé llegando a mi casa alrededor de las seis de la tarde, y por más que lo haya tratado de disimular, mi mamá vio efectivamente los moretones que tenía en los brazos. 
-¿Qué te pasó, cariño?
-Nada importante, mamá, me tropecé en la calle y me caí, pero Teresa me ofreció ir a su casa para ponerme hielo y ya dejó de dolerme -hice un intento por sonreírle. Hacía mucho que no la veía, e increíblemente me hizo bien que me haya recibido y hablado tan bien.
Después de hablar un rato le dije que me iba a ir a mi habitación a estudiar, y ella me dijo que se iba a ir con mi padre y mi hermana a una reunión de la primaria por ella. 
Llamé a Eric mientras intentaba ordenar un poco el desorden que tenía por dormitorio.
-Hola.
-Hola.. ¿Eric? ¿Estás bien? Sonás un poco...
-Es que, de verdad, sos el último ser humano con el que querría hablar.
-¿Por qué? ¿Sucedió alg..
-No. No es nada que no sepas. O que no hayas hecho con Damián. ¿Sabes qué? Andate a la mierda, zorra. Me harté de vos y de tener que soportarte, y Teresa también. Te vas a quedar sola si seguís así. No quiero volver a verte nunca más, lo único que hiciste fue desordenar mi vida. Hasta luego, Samantha Trein.

No podía creer lo que acababa de escuchar. Hubiese preferido creer que no fue real. Pero lo era. Prendí un cigarrillo con la mano temblando a causa de todo lo que había sucedido. Terminado el cigarrillo, prendi otro, y otro, y otro, hasta que logré caer en la realidad de todo lo que había sucedido. Entonces rompi a llorar. Y de nuevo volvieron esos pensamientos a mi cabeza. Lastimé a un montón de gente sin haberlo jamás deseado, cada vez falta menos para mi cumpleaños (de hecho, unas semanas),y para mudarme a Nueva York con Teresa, aunque, según lo que dijo Eric, ella está también harta de mí.

Sólo traigo problemas.

Sólo soy un estorbo. No tengo futuro. Así no voy a llegar a ninguna parte. Toda mi vida está desmoronándose cada vez más, y la única culpable de ello soy yo.

Entonces, en aquel momento, vino a mi cabeza un pensamiento que no tenía desde hace mucho tiempo, me arriesgaría a decir meses o un año. Pero ya lo había decidio. Era mi mejor opción para dejar de joder a todo el mundo. Tomé una gillete que tenía guardada de aquella época en la que tenía 13 años y tenía miedo del mundo, e hice varios cortes verticales y horizontales en mis antebrazos. No puedo decir que no sonreía mientras lo hacía, porque sería mentira, realmente lo estaba disfrutando, por fin me estaba animando a hacer aquello que no me animé a hacer hace años y se tornó peor. Al fin iba a deshacerme de todo, a mandar todo al carajo, a poder estar en paz. La sangre fluyó cual agua, y no tardé mucho tiempo en desamayarme, y, probablemente, en morir desangrada. 

lunes, 24 de marzo de 2014

Capítulo 13.

Capítulo XIII

Quiero ser tuyo.

Al final no había resultado tan difícil explicarle a Sam lo que sucedió aquella noche. Ella lo miraba con los ojos abiertos como platos y no dejaba de pedirle perdón por todo. Aún así, él no era nadie para juzgarla... Oh, vamos, la conoció gracias a que su padre y la hermana de ella estuvieron internados en la misma habitación, y eso suena totalmente patético.

Su padre.

Había muerto hacía no muchos días, pero no quería decírselo a Samantha por el hecho de que no quería causarle más complicaciones. Ya tenía suficiente con lidiar que sus padres sepan que se drogaba, y que su hermana pequeña esté totalmente decepcionada. No quería hacer que se preocupe por él. 
Y aún y así, Eric día a día resultaba volverse más loco por aquella chica. El simple hecho de haberse encontrado en esa horrible habitación del hospital había cambiado su vida. Ahora tenía un propósito por el cual seguir luchando y seguir adelante. Y cuando ella le rozó los labios aquella noche, ¡Oh!, creyó haber conocido lo que era la felicidad. Y desde entonces nació una pequeña esperanza en él con ella. Cada noche imaginaba que se sentiría poder abrazarla, sentir su perfume de cerca, tomarla de la cintura, poder besarla y decirle que en realidad no importa qué haga o deje de hacer, que nunca la iba a juzgar por nada, ella merece ser feliz de cualquier forma... 
Pero claro que había algo de por medio en ese sueño, en esa pequeña llama de esperanza, y tenía nombre: Damián. 
Nunca le pareció un buen chico, además ahora quería salir con Sam al cine... Y había terminado con su novia hacía apenas un día. Eric estaba más que seguro que sabía lo que iba a pasar. Deecho, cualquier persona podría darse cuenta de que Damián sólo la quiere utilizar. Y Samantha es bastante inteligente -por más que se queme las neuronas con cocaína y LSD- como para darse cuenta de eso. Quizá lo sabe pero quiere aprovechar el momento y hacer realidad su sueño. Quién puede saber lo que pasa por la cabeza de esa chica...

**

Después de que Eric me haya contado que lo besé aquella noche no pude evitar las lágrimas cuando volvía hacia casa. ¿Por qué tengo que cagar absolutamente todo? Por supuesto, porque soy una zorra. Es la única respuesta que hay. Aunque Teresa me lo diga en broma, sé perfectamente que lo soy. La última relación que quise mantener me aburrió a los dos meses y me metí con varios chicos y chicas. Cada fin de semana si no me despierto en la casa de Teresa, es en la de algún desconocido/a. Y aún y así ni el sexo, ni el alcohol, ni las drogas logran destruir ese sentimiento de odio hacia mí misma. Sólo me destruyen más. Y quizás eso es lo que quiero al fin y al cabo, destruirme. 
Alejé todos esos pensamientos de mí y me dediqué a entrar en mi casa y vestirme rápido. Me quité el delineador corrido y me hice una delgada línea arriba de los ojos, me puse una camiseta de Hard Rock Café y unos shorts rojos, junto con unas zapatillas negras. Al cabo de cinco minutos ya estaba Damián tocando la puerta, y puesto que estaba sola, bajé a abrirle. 
Estaba tan perfecto como siempre, y si es posible, más aún. Llevaba una campera de cuero y unos jeans desgastados, nada en particular resaltable, pero para mí era completamente perfecto. Y estaba ahí sólo y únicamente para mí. La chica rara del colegio que tiene una mochila repleta de pins, en la que nadie se interesaría. 
Al verme esbozó una sonrisa.
- Wow, Sam, estás realmente hermosa.
- G... Gracias...
- ¿Vamos?
- Claro...
E hizo algo inesperado para mí: me agarró de la cintura, como si fuese si novia, totalmente común y corriente. Y yo no cabía de mi felicidad en sí. 
El resto de la noche siguió de maravilla. En la película, como todo adolescente de nuestra edad, no hace falta decir que no estuvo demás que me bese y/o manosee -aunque lo último me pareció más de mal gusto por parte de él, pero oh, vamos, ¡es un chico!-. Y una vez terminada la película fuimos a un bar por algo de café. Charlamos un poco de cosas que nos interesan, y descubrí que no tenemos casi nada en común. Finalmente me dejó en mi casa y quedamos en ir al otro día a su casa a cenar ya que no estaban sus padres.

Claro que apenas entré en mi casa tomé el teléfono y llamé a Teresa para contarle todo.
 - ¡Pero Samantha! ¿Sos estúpida o tragaste agua de mar? No te das cuenta de que lo único que quiere ese chico es...
- ¿Sexo? Sí, lo sé. Pero ¡Oh, vamos! Soy tan feliz, no puedo creer que esto me esté sucediendo.
- No, no me refería a sexo, me refería a usarte por Ayelén, pero...
- ¿Qué? ¿Te volviste loca? Jamás haría eso, estoy segura.
-Uhm, bueno, creé lo que quieras. Yo sólo quiero lo mejor para vos.
Y luego de un giro de conversación y un par de estupideces más, cortamos. Aún así me enojó bastante su actitud, no estoy lo suficientemente ciega como para no darme cuenta de eso. Estoy más que segura que está interesando en mí.

**

Teresa colgó el teléfono, resignada. Su amiga nunca jamás iba a entender que ese chico no era el mejor para ella. Pero bueno, si no quería escucharla... Ya se daría cuenta por sí misma cuando caiga de esa nube de ilusiones y se de cuenta de la realidad. Hasta entonces tenía cosas más interesantes en las que gastar su tiempo, en vez de preocuparse por Samantha. Si tanto decía que estaba bien, pues perfecto, ya no necesitaría estar tanto con ella. Su vida no dependía de una drogadicta. Ella también tenía amigas, ella también tenía vida. Así que luego de un tiempo descolgó el teléfono y marcó el número de algunas amigas de ellas, a las que hace tiempo que no veía, para salir al centro comercial, a tomar un helado, a caminar, a cualquier lugar que la deje lejos de Sam. Porque sentía ya como si la estuviese asfixiando.

**

Eran las 3 a.m. si no me equivoco, y estaba volviendo de la casa de Damián. Estaba lloviendo y yo sólo tenía una remera -que por cierto, estaba totalmente arrugada- además de estar completamente despeinada. Cuando estaba por entrar a mi casa, me percaté de que había alguien sentado en la puerta, y cuando me acerqué más...

Era Eric. 

- ¿Pero qué demonios..?
- Eso debería estar preguntándomelo yo. -Sonaba totalmente serio y angustiado a la vez, algo que nunca jamás había visto en él-.
- Eric, ¿Qué sucede? ¿Qué haces a esta hora?
- Eso también debería preguntártelo yo, ¿No crees? -me miró sombríamente- Esta noche habíamos quedado en ir a jugar al pool. ¿Recuerdas?
- ¡Oh, por supuesto! Me olvidé completamente, lo siento tanto...
- No creo que sea tan así. Por la pinta que traes -me miró de arriba a abajo-, y por el olor a sexo que tenes encima no me parece que la hayas pasado tan mal con Damián, ¿o me equivoco? 
Su enojo se hacía cada vez más evidente.
- Lo siento muchísimo Eric, yo, yo...
- ¿Qué me vas a decir, Samantha? Sí, lo sé, soy un perfecto estúpido por estar  a donde estoy parado ahora mismo, en la pierta de tu casa, esperándote. Aunque supuse con lo que me iba a encontrar si te esperaba, quería comprobar si era cierto. Está bien, no me enojo. Sólo prometeme que la próxima vez no me vas a dejar plantado, ¿Está bien? -intentó sonreír- Tampoco te merecés que yo te esté diciendo todas estas cosas así que, perdoname a mí. 
Me abrazó durante un largo tiempo, y cuando nos separamos lo invité a quedarse a dormir en mi casa, y después de insistirle durante un tiempo, aceptó. 

Y simplemente hicimos eso, dormimos. Sin abrazarnos, sólo tomándonos de la mano. Y mientras él dormía  a mí se me caían las lágrimas. Otra persona más a la que he lastimado. Dañé a tanta gente, cuando nunca lo deseé realmente, que me hace sentir pésima, totalmente pésima...

sábado, 6 de abril de 2013

Capítulo 12.

Capítulo XII

You belong with me.

"Llámame mala, pero sólo recogo tus víctimas." -Paramore.


- Pero mi amor... -Suplicaba Ayelén a su novio, mientras éste seguía ignorándola.
- No. Ya no. Me cansaste.
- Pero.. ¡Vos no podés dejarme!
- Sí, si puedo, y lo estoy haciendo ahora.

Sin decir más se marchó, indiferente, dejando a una Ayelén destrozada como nunca nadie la ha visto.

Damián estaba harto. Completamente harto de su novia. De sus lloriqueos, celos, histerias, y sobre todo del odio que le tenía a esa rarita del curso. Nunca supo por qué, el recuerda perfectamente haber estado en una clase con ella y haberla pasado bien. 
Asi que se le ocurrio. Algo tenia que hacer, para demostrarle a Ayelen que esa chica era buena. 
Claro, si es que se acordaba su nombre...


*


- Como odio Historia. La profe es una pesada - se quejo Teresa - ¡Me odia! - 

- Creo que te odia porque nunca en tu vida pudiste hacer un tonto resumen. ¡Vaga! - se burlo Sam 
- ¡Samantha! ¡Sam! - grito alguien a lejos. 
- ¿Qué demonios?
- ¿Cómo estas? - dijo sentandose con ellas. Sam estaba muda, no podia creerlo. Teresa lo miraba. Nunca le emanó confianza.
-¿Sam?¿Estas bien?  ¿Porque me miras así?
- ¿Que?... Ah... Si, si, si estoy bien. ¿Vos? 
- Bien, bastante bien. -Respondió él. Ella seguía sin salir de su asombro, aunque lo disimulaba bastante bien. Teresa seguía pensando qué se traía entre manos ese imbécil ahora. 
-Sam.. ¿Te gustaría ir al cine el sábado? 
- ¡Claro! - Respondió mas feliz que nunca. 
- ¿Te paso a buscar o...? 
- Uhm.. No. Nos encontramos en la puerta, te parece? 
- Como quieras. Bueno, allí te veré, a las 8. -Le regaló una sonrisa y se fue. 

Quedo estupefacta. ¡Damián la había invitado a salir! El chico por el cual ella se desvivía la había invitado al cine, no podía creerlo.



*

- Jajaja, dale idiota. Bajá de ahí. -Le dije a Eric, que estaba subidoen uno de esos juegos para niños en la plaza 
- ¡Pero yo quiero ser un niño para siempre! -Decía mientras seguía jugando.
- Sí, sí, andá con Peter Pan - Me burlé de él y ambos terminamos riéndonos.
- Aguafiestas.
- Idiota.

Creo que, nos llevábamos bien así, insultándonos. Pero con cariño.

-Hey, tengo una noticia genial - Le dije, mostrando mi amplia sonrisa.
- A ver, decime. 
- ¡Damián me invitó a salir!
- ¿Qué? -Dijo con cara de asco. Después se dió cuenta de su error y cambió su expresión a una de intriga- ¿No estaba con Ayelén?
- Estaba. -Dije sonriendo aún más.
- Oh... Bueno, me alegro mucho por vos. ¿Cuándo salen?
- Hoy, a la noche. Viene a buscarme a las ocho.
- Sam, -miró su reloj- ya van a ser las 7 y seguimos aquí. Creo que deberías cambiarte o algo. 
- Mierda, se me pasó la hora. 
- ¿Con esa boquita le decís te quiero a tu mamá?
- Jajaja, callate idiota. Se me va a hacer tarde, mejor me voy. Chau, te quiero. 

Lo abracé y él hizo lo mismo. Emprendí camino a mi casa.

Es como si, de cierta manera, le hubiera molestado lo de Damián. Nunca había entendido por qué actuaba con tanto asco cuando se dirigía a hablar de él. Además, seguía actuando extraño desde aquella fiesta de Halloween... ¿Qué había pasado ese día? 
Dispuesta a quitarme aquella duda, di media vuelta y corrí a buscarlo.

- ¡Eric!
- ¿Qué pasa, Sam?
- ¿Que pasó el 31 de Octubre a la noche?
Me miró con los ojos abiertos como dos platos. 
- ¿N... no te... te acordas? - se sonrojó
- No, no recuerdo nada de lo que pasó ese día...
Suspiró.
- Me besaste, Samantha.
- ¿QUÉ YO QUÉ? - Ahora era yo la que lo miraba con los ojos abiertos.


martes, 18 de diciembre de 2012

Capítulo 11

Capítulo XI

Sólo se vive una vez.

"No lo puedo explicar,no lo entenderias. No es asi como soy yo" -Pink Floyd


Me costó abrir los ojos. Recuerdo que había una luz blanca bastante fuerte que causó que me costara más. 
Cuando lo conseguí, vi la cara de un chico, de no más de veintitrés años, probablemente sea un médico o algo; y junto a él toda mi familia. Mi madre, mi padre, quien me miraba con una cara de desaprobación total, y mi pequeña hermana. Espera... ¿Mi hermana? ¿No estaba en coma? ¿Cómo es que...?

-Vaya, al fin despertaste.
-¿En donde estoy? -Pregunté agarrándome la cabeza
-En un hospital, tu hermoso paraíso te costó dos lavados de estómago. -Me respondió algo malhumorado el médico.
-Mi amor, por fin despertaste, no sabes lo mucho que me alegro de que estés bien y... -mi mamá siguió hablando pero yo la paré
-¿Y Daniela? ¿Cómo puede ser que...?
-Despertó por la noche cuando salimos del trabajo y fuimos un momento a verla. Cuando llegamos a casa esta mañana te encontramos totalmente pálida e intoxicada. Ví la bolsa con polvo blanco y supuse de lo que se trataba. A ver Samantha, pensé que habías entendido que...
-Ahora no es momento Claudia.-Interrumpió mi padre en tono sombrío-Recordá que acaba de despertar y no tiene idea qué fue lo que pasó, esto a lo hablaremos en casa.

-Bueno, basta de charla- Dijo el médico cuyo nombre desconocía - Necesito que Samantha se quede una noche más aquí para chequearla y comprobar de que todo esta en orden para que pueda volver a su casa.
Y así fue como quedé clavada un maldito día en el hospital que tanto odio.

**

Lágrimas y tristeza.
Así se definió la charla con mis padres sobre mí.


Mis padres estaban sentados frente a mi, se podia leer en sus miradas que pensaban por donde empezar. Yo chocaba impacientes mis dedos sobre la mesa de la cocina esperando una pregunta, un regaño, un castigo. Lo que sea. Odiaba que sus padres estuvieran tanto tiempo en silencio, eso.. no es una buena señal.

- Decinos…– comenzo mi padre - ¿Desde cuando has empezado con esta adiccion? 

 - Yo.. em.. – trague saliva – Desde los 15 

Mi madre me miraba confundida. Es comprensible. ¿Cómo reeacionarias si te enteraras que tu hija se droga desde hace tres años y vos.. ni enterada?

 - ¿Qué tipo de drogas has consumido? –

Comenze a mover mas despacio los dedos, trabata de acordarme. Esta vez no iba a dejar nada al cubierto.

- Principalmente cocaina, éxtasis, anfetaminas y meta-anfetaminas – Solo de esas me acordaba – Mezcladas todas con alcohol. Dicen que asi el efecto que mas duradero 

Eso ultimo creo deberia haberlo callado. Parecia como si dijiera: ¿Saben  que?, No me importa lo que piensen. Me seguire drogando. 

 - ¿Eres.. Una narcotraficante? – pregunto suavemente mi padre. Solo mi madre se dedicaba a obsevar. – Tengo..¿Una hija narcotraficante? 

No se porque pero me dolio, muchisimo, en la manera en lo que dijo. Como si estuviera decepcionado.
Respire profundo, comencé a mover mas rápido mis dedos. Tenia un mal presentimiento, uno muy malo.

- No padre. Solo he consumido. Nada mas- respondi.

 - ¿Qué quieres lograr con todo esto? – pregunto sorpresivamente mi madre.

Esa pregunta me tomo por sopresa. Obviamente que tenia la respuesta. Pero, ¿podra decircelas?. Es decir ¿Explicarles a mis padres este dolor inmeso que tengo desde hace varios años?. Ellos.. ¿Me seguiran viendo como si hija?

-Yo... Sólo.. Em... Sólo quería sentirme feliz. -Respondí mientras contenía algunas lágrimas en mis ojos que amenazaban con salir- 

- ¿Por qué mi amor? – tomo mi mano y empezo a acariciarla suavemente con su pulgar.

- Estaba sola...
Pasaron minutos, mis padres no dijeron nada. Seguian ahí. Mirandose mutuamente, enviándose mensajes telepaticos. Se supone que esta conversación nos involucran a los tres, ¿No?
Asi que decidi proseguir y esta vez diria todo…

 - Nadie me entendía, nadie me prestaba atención, no tenía amigos, en el instituto me excluían, me golpeaban, me insultaban, me lastimaban, y yo no tenía ningún arma para defenderme, las veces en las que traté de hacerlo terminé con moretones. Había un chico que quería abusar de mi e incluso a veces me manoseaba, y yo no podía hablar, tenía miedo, muchísimo miedo. No era feliz, ni tampoco lo soy del todo ahora. – quise seguir pero tenía un nudo en la garganta y sentía que si seguía iba a llorar.

Mi madre me abrazo, me sostuvo en brazos. Como antes, cuando era niña y me raspaba la rodilla e iba corriendo hacia ella y ella en sus brazos. Y es raro, no recuerdo la ultima vez que ella me habia abrazado.

- Disculpame Samanta. Por nunca haber estado cuando mas lo necesitabas, estoy muy arrepentida. Esos dias que venias a contarme seguramente esto y yo te solamente te ponia la excusa de que estaba demasiada ocupada para escucharte que lo hablaras con Teresa. Soy una pésima madre -comcluyó con un tono de frustración.

- No mamá, no lo sos. Es todo mi culpa, lo acepto y me voy a hacer responsable por ello. Lo siento.

Mi padre se acerco y se incorporo a ese hermoso abrazo.


Subía hacia mi habitación, mientras oía un llanto. Ese era... Sí, definitivamente, Daniela.
-Hey, Dani... ¿Qué pasa?
-¿Es una broma acaso? ¿Qué me pasa? ¿Qué no es obvio?
-...
-¿Por qué te lastimas de esa forma? ¿No sabés el daño que hace eso?
-Yo... Bueno, sí sé lo que causa, pero, yo, uhm...
-¿Acaso querés abandonarme? ¿No te interesa qué es lo que piensa nuestra familia? ¿Por qué haces esto?
-Daniela... Yo realmente lo siento. Sabes nunca de los jamases querría perjudicarnos. Fui una estúpida y lo acepto. De ahora en más voy a tratar de dejarlo, por vos.
Ella no respondió nada, sólo me abrazó. Seguía llorando, entre sus sollozos llegué a oir un débil "gracias".

Aunque, yo nunca le prometí nada realmente. ¿Por qué lo dejaría? Si sólo se vive una vez.

Me encerré en mi habitación y me sentía una mierda, ni siquiera soy capaz de prometerle algo a mi hermana. Y mi mamá... La hice sentir horrible, mejor que no le dije que la navidad pasada quise ahorcarme con la corbata de mi abuelo porque ahí sí la pobre se iba a morir de frustración.
Entonces hice algo que no hacía desde hacía muchísimo tiempo. Dibujar.
Pintar, hacer bocetos... Saqué todo el odio y tristeza que tenía contenido. Siempre dibujar fue una especie de terapia para mí, me hace olvidarme de todo.
**

Llegué a tiempo, la campana acababa de sonar y era hora de entrar a clase. Logré divisar a lo lejos a Teresa, iba a hablarle, a pedirle disculpas, me comporté mal, muy mal con ella.
-Hola... -Le dije cuando logré acercarme
-Hola. -Me respondió fríamente.
-Teresa, mirá, me equivoqué. Estuvo mal lo que hice, me arrepiento, perdoname. 
-¿Qué te hizo cambiar de opinión? Porque dudo que tu orgullo te haya dejado pedirme perdón.
-Dos lavados de estómago, hacer llorar a mi hermanita y decepcionar a mis padres.
-Ouch... -Suspiró- A ver Sam... Me molesta que te andes metiendo porquerías al cuerpo así como así... No quiero perder a una amiga tan valiosa como vos, ¿Comprendes?
-Sí... 
-Te quiero.
-Yo también.
Y terminamos abrazándonos. 

Por un momento me sentí la persona más afortunada del mundo, había recuperado a la mejor persona que podría haber conocido, estaba realmente feliz.


Gracias a Cande por la colaboración en este capítulo :3

domingo, 4 de noviembre de 2012

Capítulo 10


Capítulo X

Tú no sabes nada de mí.

"Sálvame de mi auto destrucción" - My Chemical Romance

¿Donde se metió esta idiota? Se preguntaba Teresa, mientras había dejado su pequeño puesto en el que estaba poniéndole música a la fiesta. 
Sabía que dejar a Samantha Trein sola en una fiesta no era buena idea, pero, joder, estaba con Eric, no creía que pasara nada raro. Pero se equivocó. 
Odiaba mucho el hecho de que todas las malditas fiestas sean lo mismo: Samantha perdiéndose, ella buscándola, y terminar encontrándola en un lugar apartado posiblemente drogada. Odiaba verla así. Era su mejor amiga, no podía permitir que se autodestruya. Sabía más que nadie de que estaba sola, y que ella era la única que podría ayudarla. 

Luego de buscar durante cuarenta y cinco minutos, la encontró. Estaba en un patio, donde no había prácticamente nadie. Pero no estaba sola. ¿Acaso estaba...? Sí, era Eric. La estaba tratando de levantar, ella estaba recostada en el suelo. Inmediatamente en cuanto Eric la vio, le hizo una señal con los ojos diciendo indirectamente "¡AYUDAME!", ella lo dudó, a causa de que los veía muy tiernos juntos; pero luego se dio cuenta de que lo correcto era ayudarlo así que fue y entre los dos lograron sentarla en un banco.
- Dejame, yo me encargo.
- No, vos la conocés en este estado, creeme, lo mejor será que yo la ayude. 
- Pero... ¿Vos no estás poniéndole música a la fiesta? - Dijo Eric dudoso, mientras observaba lo tierna que se veía Samantha al estar dormida
-Mierda-murmuró para sus adentros Teresa - Bueno, hagamos esto: Vos la cuidás hasta que termine esto y cuando nos vamos viene como siempre a mi casa, ¿Está bien?
Eric asintió.

***

Eric seguía estando en estado de shock. Se tocó la comisura de sus labios estando aún confundido. ¿Qué demonios acababa de pasar? No lo podía creer. Digamos que, él siempre sintió que había algo de Sam que le atraía, no sabía qué, pero que aparezca ella con su simple sonrisa hipócrita lo hacía tan... estúpido. 
Pero no podría tampoco creer que Samantha se drogara. Es decir, ella... Para él era como perfecta en cierto modo, ella era la única persona que podría lograr que él sonriera a pesar de la difícil situación en la que estaba metido por tener a su padre internado. Para ser honestos, ella para él era hermosa, una gran chica. Pero.. ¿Y ahora? ¿Cómo era eso de que se drogaba? Era raro, si jamás la había visto fumar siquiera un maldito cigarrillo...

**

Había dormido mucho, no tengo idea cuánto. No era mi cama, era obvio, la mía es más cómoda. Tenía la boca pastosa, y mucha sed... ¿No hay un vaso de agua por acá? Traté de levantarme pero no podía, sentía que había perdido toda mi fuerza. 
De repente escuché el sonido de unos pasos... Oh Dios sonaban tan fuertes que me provocaban que mi dolor de cabeza fuera mayor aún. Me sentía fatal.
- Wow, la señorita dormilona se despertó -Me dijo Teresa sarcásticamente, mientras me entregaba un vaso con agua.
- ¿Que mierda me metí anoche? -Pregunté, bebiendo.
- ¿Y yo que voy a saber? Porquerías, de seguro. 
- Bueno, no era para que te enojes.
- ¿Que no era para que me enoje? ¿Vos me estás jodiendo? ¿Acaso pensás que es hermoso verte en ese estado, eh? ´Me das vergüenza. ¿Sabes qué? Estoy harta de que te creas que el mundo gira alrededor tuyo, porque la verdad puedo vivir perfectamente bien sin vos. Sos una maldita egoísta, sólo te importa vos misma, ¿No pensás en los demás? ¿Acaso no pensás en la lástima que das? Ya me hartaste Samantha, lo lamento. Andá a las fiestas que quieras, fumá, drogate, tomá todo el alcohol que haya, cogete a quien quieras, no sé, pero la verdad ya no me interesa. Yo ya no voy a estar ahí para irte a buscar y hacerte safar adelante de tus padres. Ya no.

En menos de un segundo había quedado sola en aquella habitación en la que ahora me parecía tan fría. La única palabra que resonaba en mi cabeza en ese momento era "SOLA". ¿Qué acababa de pasar? 

Sí estúpida, acabás de perder a una de las personas más valiosas de tu vida.

¿Y Eric? ¿Qué pasó con él? Que más da, ya ni siquiera importaba. 
Pensé en volver a mi casa, pero supuestamente iba a estar en la casa de Teresa. ¿Y en dónde terminé? En el mismo parque de siempre. Las lágrimas se me caían, no podría creer lo que acababa de escuchar.
  Me das vergüenza.¿Acaso no pensás en la lástima que das? Sos una maldita egoísta...

Mierda. Tenía razón. 

**

-¡Samantha! -Escuché detrás mío a una voz muy conocida.
-¡Eric! -Lo abracé
-¿Cómo estás? 
- Em, bien... ¿Para qué preguntas?
- Es que anoch... -Lo interrumpí
- Oh, así que vos también me viste...
- Drogada -terminó la frase.
- Yo, em, realmente... 
- No te preocupes. Sólo es que no conocía esa parte de vos.
- Es que, para ser honesta, vos no sabés nada de mí.

Caminamos en silencio por aquel parque en el que minutos antes había estado llorando, seguía sin creer lo que pasaba.

-¿Pasó algo? -Me preguntó
- Bueno, Teresa, ella...
- ¿Se enojó?
- Sí. ¿Cómo lo..
- Ayer se veía molesta.
- Ah.

Y así finalizó nuestra conversación. Lo que nunca logré preguntarle, es el por qué de mirarme raro como me estaba mirando, es decir, me miraba como si quisiera preguntarme el por qué de algo. ¿Le hice algo? No sé. 
Llegué a mi casa y estaba deshabitada, cosa a la cual no me sorprendí. Mis padres trabajan toda la noche y ya debe de haber empezado su turno... ¿Qué hora es? ¿Ya son las ocho de la noche? ¿Cuánto tiempo dormí? 

En ese momento, considerando la tristeza que tenía encima, quise olvidarme de todo, una vez más.
En mi bolsillo había quedado un poco de metanfetaminas azules, benditas sean que me habían quedado. 

Y así volví a mi pequeño paraíso.


miércoles, 15 de agosto de 2012

Capítulo 9


Capítulo IX

Mi medicina

“Imagínate en un bote sobre el río,
con árboles de mandarina,
y cielos de mermelada.
Alguien te llama,
respondes muy lentamente,
es una chica con ojos de caleidoscopio” –The Beatles



La fiesta se dio en un día caluroso, lo recuerdo perfectamente. Lo que no recuerdo muy bien fue exactamente qué hice.
Ese día había ido a ir a visitar a mi hermana, el doctor me dijo que estaba comenzando a recuperarse, y la verdad me puse más feliz que nunca. Aunque, por otro lado estaba algo triste ya que el padre de Eric estaba luchando por su vida. Mi mamá y mi papá estaban en mi casa, viviendo juntos denuevo.
Damián me seguía trayendo loca por él, de hecho tenía una carpeta llena de bocetos de él y sólo de él. De su perfecto rostro, de su perfecta nariz, de sus perfectos labios, de sus perfectos ojos, de su perfecto cabello, él en sí era perfecto. Defintivamente, el chico más perfecto de todo el instituto.


*


Habíamos quedado con Eric encontrarnos en la puerta del instituto ya que el salón en el cual se iba a realizar la fiesta de Haloween quedaba a penas a una cuadra. No me disfrazé de nada, la verdad no me latía disfrazarme así que había decidido vestirme normalmente, aunque llevé un maquillaje bastante original. Me vestí con una remera XXL de Iron Maiden, y como me quedaba enorme y larga aproveché esa ventaja para ponerme un short negro, ya que la remera al ser tan larga no dejaba a la vista el short. Llevé mis uñas pintadas de dos colores, una negra y la otra violeta o turquesa, no lo recuerdo. Mi cabello lo solté; me maquillé con una sombra roja en mi párpado inferior y móvil, y, aprovechando la oportunidad de que era Haloween, me dibujé con el delineador dos cruces en los ojos. 
Cuando me despedí de mis padres antes de encontrarme con Eric, no se sorprendieron al verme vestida así, puesto que en cada fiesta a la que voy casi todos los fines de semana, me visto de alguna manera algo original y un tanto provocativa.
Salí de mi casa luego de escuchar las recomendaciones de siempre: no fumar, no drogarse, no tomar alcohol, y si me voy a dormir a la casa de alguien más (cosa que casi siempre hago) que al otro día avise al menos en dónde estoy.
Claro que de todas estas recomendaciones sólo cumplo la última, es decir, ¿Qué clase de adolescente teniendo diecisiete años apunto de llegar a los dieciocho no ha probado una botella de vodka? La primera vez que me ofrecieron un cigarrillo tenía once años, no lo acepté, demás está decir, pero hoy en día fumo a pesar de no ser adicta.
A la hora de encontrarme con Eric no me sorprendió que tampoco esté disfrazado.
- ¡Hey! Pensé que te ibas a disfrazar de zombie, ya que tanto los amas -Me dijo entre risas
- No, la verdad no me gusta mucho disfrazarme. Aunque veo que no soy la única
- Ahám -Afirmó con su cabeza- estamos iguales, a mi no me gusta disfrazarme -Nos sonreímos mutuamente-
Mientras caminábamos se formó un silencio para nada incómodo. Deecho, con él siempre me sentía totalmente cómoda y en confianza.
- Eric. -Lo llamé.
- ¿Si, Sam?
- Te quiero. 
- ¿Qué? -Me miro algo extrañado
- Me refiero a que, siempre estuviste ahí cuando más lo necesité, aún no logro creer que nos hayamos hecho tan amigos al habernos conocido tan sólo hace dos meses. Además de que tenemos muchas bandas y gustos en común, y nos tenemos tanta confianza como yo le tengo a Teresa aún así de ser mejores amigas hace siete años. Te quiero. Te quiero porque sos un gran ejemplo para mi, a pesar de como está tu padre, en semejante situación, seguís sonriendo y poniéndole fuerzas a la vida, tratando de disfrutarla, riendo, y sobre todo soportando a una idiota como yo -Dije lo último riéndome
- No sos ninguna idiota -sonrió- Vos sos una de las razones por las cuales sigo adelante.
Dicho esto, dimos por finalizado el tema y comenzamos a reír y a hacer las payasadas que hacemos siempre durante el resto del camino.

Cuando llegamos a la fiesta la casa estaba que desbordaba, había música a todo volumen, gente bailando, tomando, y otras en el baño seguramente teniendo sexo. Obviamente los directivos no estaban, era una fiesta que organizaba el colegio pero hecha para los alumnos. La casa, era enorme, tenía un decorado bastante pasable aunque no a mi gusto, la música no estaba tan mal y bueno, nunca había ido a una de esas fiestas que organiza la escuela. Nada nuevo a las fiestas a las que suelo ir sola o con compañía de alguien que no sea Teresa, ya sabes, esa clase de gente que sólo aparece cuando salis a tomar alcohol o fumar algo. 
Nos reunimos con Teresa y fuimos a la cabina donde estaba, ya que ella se encargaba de poner la música (ahora entiendo por qué no me disgustaba lo que sonaba), me quedé sola con ella mientras Eric iba a hecharle un vistazo a la fiesta. Nos quedamos bastante tiempo ahí, poniendo álbumes de los Misfits, Beatles, Michael Jackson, Radiohead, Nirvana, entre otros. 

Una vez que salí de allí sola y junto con un vaso de alcohol en la mano, me encontré con lo que quería evitar durante toda la fiesta: Ayelén y Damián, en verdad me daban asco esos dos, sobretodo no sé por qué tuve que mirarlos.. besarse. Fue tan desagradable. 
Seguí caminando y pasé por todas las habitaciones, en algunas había gente desmayada o demasiado ebria, en otra una pareja besándose, en la otra había un muchacho llorando, quizás lo habrán dejado o algo; y por último pasé por una en la que la puerta estaba cerrada y de la cual se escuchaban gemidos, bueno, creo que no hace falta decir que nunca abriría la puerta.
Luego llegué al salón principal en el que había mucha gente bailando, entre ellas logré divisar a Eric bailando provocativamente con una muchacha bastante bonita, alta, cabello castaño, vestida de vampira. Me vió y le guiñé el ojo, no iba a molestarlo. 
Seguí caminando, buscando aquello que quería encontrar, hasta salir al patio. No había mucha gente, sólo un par de chicos vendiendo, vendiendo lo que había estado buscando desde hacía media hora.
Polvo de hadas, mi precioso polvo de hadas.
Había de toda clase de tamaños y colores, no sabía cual elegir. Parecía una niña pequeña en una dulcería.
Metanfetaminas, Nicotina, Heroína, Cocaína, Crack, Anfetaminas, Extasis, Sedantes, y muchos otros tipos más me daban en bolsitas.
Aunque luego tengo un recuerdo muy borroso de ese día.


Alguien mezcló mi medicina...


*

Eric la buscó por todas partes. ¿Acaso se habrá puesto celosa de haberme visto con aquella chica y se marchó? No, no podía ser. Buscó por todas las habitaciones, hasta llegar al patio. Y allí la vio. Medio tirada en un banco, delirando. 
- Sam, ¿Qué te paso?
- ¿QUIEN ERES? ¿ACASO ERES UN DEMONIO, O UN ÁNGEL?
- Sí, definitivamente, te drogaste. Samantha, levantate -La agarró del brazo
- ¡NOO YO QUIERO QUE VUELVA MI UNICORNIO AZUL!
-¿Tu qué? -Trató de entender lo que decía}
- Mi unicornio azul, el que se me perdió.
- Sam... -suspiró y trató de levantarla
- ¡No me toques! -Dijo ella sacando de su bolsillo una pequeña bolsita de polvo blanco, quién sabe la mezcla de qué era
- ¡Samantha, no me gusta que hagas eso! -Trató de quitársela
- Si la quieres, ven por ella -Dijo Samantha a modo de juego
Y así fue como Eric terminó persiguiendo en el pequeño patio a Samantha, mientras ella divertida, se reía a más no poder, hasta terminar acostada en el suave pasto, con Eric sentado en el banco próximo a ella. 
- Sam... ¿Qué es lo que tenes ahí?
- Mi paraíso, mi pequeño cielo. -Dijo ella mitad consciente de lo que hacía, mitad no.
Y fue ese momento confuso, que nadie supo cómo explicar, en el que Samantha se levantó un poco del suelo, llegó hasta los labios de Eric, y lo besó.
Un beso corto, a penas se rozaron los labios.
Pero fue un beso.



viernes, 20 de julio de 2012

Capítulo 8


Capítulo VIII

Felicitaciones, te odio.

"Todos los días es el mismo cuchillo sin filo" -Black Veil Brides

Ayelén se había terminado de mirar al espejo y retocar su maquillaje. Como siempre, brillos en los ojos combinados con una sombra rosa, y con los labios llenos de brillo, además de que, cabe decir, que tenía puesta más de cinco capas de maquillaje. “Para verme perfecta” argumentaba.  Llevaba su cabello pelirubio –más vale decir, teñido- perfectamente recogido y la ropa perfectamente combinada con tonos claros, incluyendo el rosa.
- Ayelén Alanis, preséntese en rectoría. -Sonó el megáfono del instituto.
“¿Qué hice ahora?” Pensó. Es decir, ella siempre se metía en problemas, porque, ya sabes, molestaba a cualquier ser viviente que no estuviera a su altura.

Y Samantha era una de esas víctimas.

Deecho, era la persona que más adoraba molestar. ¿Por qué? Porque ella nunca se iba a quejar a un adulto, lo arreglaba diciéndole groserías o simplemente callándose e ignorándola, ni siquiera se atrevía a tocarle un pelo, porque igualmente Ayelén suponía que no lo hacía porque tenía miedo de tener problemas luego. Además, la única vez que Samantha fue a hablar con un adulto, Ayelén realmente se metió en problemas. Pero vivió diciéndole "marica" el resto de ese año, así que ella nunca más volvió a quejarse de nada. 
         Pero en realidad, lo que no sabía (y nunca supo), fue que Samantha en realidad tenía muchísimas ganas de golpearla y hacerla recapacitar con que no se puede tratar mal a ningún ser humano porque todos tienen la misma dignidad; pero no la golpeaba por el hecho de que nunca usó la violencia como solución, eso iría en contra de sus principios. Aunque su paciencia estaba a punto de agotarse.

 - ¿Qué sucede, Sebastián?- Preguntó tan tranquilamente que hasta parecía fastidioso.
- En primer lugar, Alanis, te he dicho que soy una autoridad y me tenés que respetar como tal.
- Lo siento, rector –Dijo la susodicha en forma sarcástica, aunque él no lo llegó a notar- ¿Qué sucede?
- Alanis, tenés que encargarte de los preparativos para la fiesta que el instituto organiza todo los años para haloween.
- ¿Yo? ¿Por qué?
- Porque esa es tu sanción por estacionar tu auto en el lugar en el que van los de los profesores.
- Pero... ¿No le puede dar esa tarea a otra alumna, como por ejemplo... Samantha Trein?
- Mmm... -Buscó en su memoria quién era aquella persona que Ayelén le había nombrado- Ella es una buena estudiante, no tiene por qué hacer ese trabajo por vos.
- Bueno -Dijo refunfuñando- Entonces lo voy a organizar con la ayuda de Giuliana y Julieta, ¿Le parece?
- Por mi, no hay problema.

Ese mes se pasó volando, y conociendo a Ayelén todos sabrían que en realidad no se rompió ni una uña trabajando, ya que todos los preparativos, decoraciones, música, y demás que tendría que haber organizado ella lo hicieron sus amigas. "A la gotiquita seguro le encantará el decorado ya que está lleno de sangre " pensó. 

Una semana antes de la fiesta, básicamente toda la escuela estaba cubierta de papeles que lo anunciaban con letras grandes y terroríficas: "FIESTA DE HALOWEEN EL 30 DE OCUBRE DE 1994". Aunque era un poco estúpido poner el año ya que era el mismo en el que estaban.

*

El panorama invernal se visualizaba desde el cristal transparente del apartamento. Comenzaban a desprenderse del firmamento los primeros copos de nieve, repletando las calles del material blancuzco. Observé por un momento a los niños jugar, lanzándose bolas de nieve provenientes de aquella nevada. 

- Mamá...
- ¿Si hija? -Me respondió con aquella voz tan dulce que solo ella posee.
- ¿Recuerdas cuando solía tirarme bolas de nieve con mis amigas, siendo pequeñas y sin preocupaciones, y ustedes atrás cuidándonos de no lastimarnos? -Dije con cierta melancolía en la voz.
- Sí Samantha, cómo olvidarlo...
- Yo me pregunto... ¿Qué pasó? Me refiero a que, vamos tú sabes, tenía millones de amigas y ninguna preocupación, era tan... Feliz.
- Lo sé... Pero creo que lo que pasó fue tan simple y claro como el agua: creciste. Y uno cuando crece se da cuenta de quien vale la pena y quien no, las personas comienzan a hacerte daño, en fin... Creo que se entiende mi punto. 
- Ajá... -Dije volviéndome hacia la ventana- Gracias por entenderme mamá. ¿Sabes? Extraño a Daniela.
- Primero no la soportabas y ahora la extrañás. Que irónica que es la vida.
- Bueno, creo que es cierta aquella frase de que uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde. ¿Qué dijo el doctor sobre ella?
- Siempre es lo mismo, está normal, no se muestran formas de mejora ni de empeoramiento.
- Oh... -Bajé mi vista y di por finalizada la conversación.


*

Calaba su cigarrillo con parsimonia, mirando la nada.
- Teresa, estoy aquí -dije moviendo lentamente mi mano por delante de su rostro. - Te he dicho que no me gusta verte fumar.
- Oh, lo siento, es que... ya sabes, es una adicción -Dirigió su mirada hacia el suelo por un momento y luego denuevo hacia mi rostro- Hey, ¿Vas a ir a la fiesta de Haloween?
- No, la verdad, no me gustaría ir.
- ¿Por qué? Si ambas sabemos que amás Haloween -Me preguntó intrigada
- La verdad, no me gustaría verle la carita a Ayelén -Dije en tono de asco
- ¿Y qué importa ella? Espera... Sobre el chico ese, Eric... ¿No cumple años ese día? ¿Por qué no lo llevás a la fiesta como un regalo?
- ¡Cierto! -Dije algo emocionada por la gran idea de mi amiga- Y tenés razón sobre Ayelén... Que se joda, más vale ir a disfrutar la fiesta.

*

En alguna de aquellas tardes que compartí con Eric, le mencioné sobre la fiesta de Haloween, propuesta la cual el nombrado aceptó. 

Tan sólo faltaban dos días para la fiesta cual casualmente caía un día viernes. Y aquel viernes sucedió lo que tendría que suceder.
- Hey, "Sam" -Dijo sarcásticamente- si es cierto eso de que vas a venir a la fiesta de Haloween, no te gastes en un disfraz, lo traés todos los días- Me dijo Ayelén en medio de una muchedumbre que comenzó a reír.
No dije nada, como siempre. Porque la verdad, no era buena con las palabras y no sabía que responderle, algo que me tomó luego muchos años en admitir: no sabía defenderme.

Felicitaciones Ayelén, te odio.



Este capítulo va dedicado especialmente a mi mejor amiga, Candela, como un regalo por su cumpleaños. Felicidades amiga, te quiero muchísimo (:

sábado, 31 de marzo de 2012

Capítulo 7

Capítulo VII

Predecible.
"Stuck with me" -Green Day

Era una mañana de viernes lluviosa. Ayelén venía caminando por el pasillo casi vacío junto con sus dos huecas y falsas amigas: Guiuliana y Julieta. Yo estaba con Teresa. En el momento en que nos cruzamos, bando con bando, Ayelén se limitó a observar con asco mi camiseta de Nirvana, mi delineado y mis converse sucios a causa de la lluvia.
- ¡Hey, miren! Ahora se ve que esta de moda que los niños se dejen crecer el cabello, se delineen los ojos y parezcan niñas. -Le dijo a sus "fieles" seguidoras. En efecto, ellas comenzaron a reír.
No me iba a quedar callada.
- Cariño, Haloween todavía no llegó, tienes que esperar un poco más para ponerte tu disfraz de zorra.
- Prefiero vestirme de zorra, antes que vestirme como un vampiro, gótico, niño, o lo que seas.
No se limitó a decir nada más, sólo puso una cara de asco y se alejó, sin antes empujarme. Le hubiera correspondido su empujón, pero sabía más que nadie que eso desembocaría en una pelea sin fin, en la que de alguna u otra forma ella siempre terminaría ganando: ya sea porque su novio la defiende o porque todo el resto del instituto me odiaría de por vida por entrometerme con ella.

El tiempo pasaba lentamente, y yo no lograba prestar atención. Al lado mío se encontraba una ventana, por la cual observaba aquella mañana fúnebre, en la cual caían gotas de lluvia en la ventana, dejando una vista borrosa. También se podía observar volando a las últimas hojas que quedaban del otoño, y alguna que otra persona caminando bajo un paraguas, o corriendo a causa de la falta del mismo. Se escuchaba de lejos el grupo de coro escolar haciendo un mal cover de la canción Nedless And Pins de The Ramones.
Y mientras tanto, pensaba, metida en mi cabeza, como siempre.

La demencia es hacer lo mismo muchas veces esperando que haya distinto resultado. Según esa definición, muchos estaríamos dementes.

 En el receso, como solía hacer siempre, me senté con Teresa al aire libre en el suelo separadas por un metro, y nos dispusimos a almorzar un sánguche, ya que había parado de llover. Mientras tanto, en la mesa en la cual solían estar los "populares", no sólo nos miraban, sino que nos arrojaron jugo, y mientras tanto, reían de nosotras.
El timbre sonó. El receso de veinte minutos había terminado.
- ¿No vas a entrar a clases? - Me interrogó Teresa.
- No... Creo que ahora no. Tú ve, luego te alcanzo.
- ¿Segura que no querés que te acompañe?
Negué la opción con un sutil movimiento de mi dedo índice.
Sin decir nada más, Teresa se fue caminando en silencio aquel día gris hacia su respectivo salón.
Yo me quedé en una banca allí sentada, fijando mi visión en las primeras gotas de una nueva tormenta se desencadenaban sobre el suelo, y precipitaban sobre mi.

¿De donde venimos...? ¿Hacia donde vamos? ¿Qué sentido hay en esta vida?
De pronto mis pensamientos fueron interrumpidos por la tormenta, que cada vez se tornaba más violenta, pero yo no quería moverme, y tampoco me importaba mojarme; pero tenía que volver a clases si es que no quería una sanción y mucho menos con los problemas que hay en mi familia últimamente. Así que sin seguir dándole vueltas al tema de volver o no a clases, fui a mi casillero, tomé el cuaderno y la lapicera correspondiente para aquella materia y fui rumbo al salón.
Mis pasos me condujeron hacia la puerta de madera, la cual en cuanto entré a salón todos dieron vuelta para mirar quién era la que interrumpía la clase. Sí, Samantha Trein.
Yo sólo caminé hacia mi banco con la mirada baja, rogando de que nadie me preguntara nada.
- Usted -Me señaló la profesora- ¿Acaso no piensa explicar el por qué de su llegada tarde?
- Yo... -En mi mente trataba de encontrar una excusa creíble- estaba en el baño. Lamento haber llegado tarde, es que me sentía mareada y con muchas ganas de vomitar.
- ¿Y por qué esta mojada?
- Cuando vine al aula tuve que pasar debajo de la lluvia y me mojé.
- Mm... Está bien.
Me dispuse a tomar asiento, pero cuando me iba a sentar...
Alguien corrió mi silla y acabé en el suelo.
Tengo un recuerdo algo borroso de ese entonces, recuerdo aquellas risas, y sobre todo que nadie me dio una mano para levantarme. La profesora ni siquiera se inmutó en mi ni me prestó atención, simplemente seguía escribiendo en el pizarrón.
Tuve que levantarme yo sola.
A la salida de la escuela, me encontré nuevamente con Teresa, con quien fuimos hacia mi casa, caminando a través de un silencio sepulcral.
Al llegar, lo único que hice fue agradecerle el haberme acompañado y meterme en mi casa. Me quedé toda la tarde escuchando música con los audiculares en un volumen a más no poder y simplemente me dejé tumbar en la cama.
Al rededor de las seis de la tarde, me fui a duchar y a preparar para aquel concierto de Asking Alexandria al que Eric me llevaría. Tuve que cambiarme la ropa, ya que ésta se encontraba mojada debido a la violenta tormenta y mi desgano de usar paraguas. Me vestí con una simple remera blanca con su logo, acompañándola con un pañuelo cuadriculado con blanco y negro y unos simples jeans grises. Me pinté los labios de color rojo y fui en camino a Starbucks, nuestro punto de encuentro. Me pedí un café y luego de diez minutos pude verlo entrar.
Estaba vestido con unos jeans negros, la misma remera que tenía yo, con la diferencia de que tenía otro logo, y tenía unas cadenas colgando de sus gastados jeans.
- ¿Estás lista? -Me dijo con una obvia expresión de felicidad en su rostro.
- Claro, he estado esperando esto durante meses -Puse una sonrisa sincera.
El concierto no duró más de dos horas, pero no puedo no admitir que fue realmente emocionante, pasé mucho tiempo lamentándome no poder ir, pero ahora estaba ahí, con una persona que me caía muy bien, compartiendo un momento maravilloso e inolvidable. Canté sus canciones a más no poder, y también fui empujada y aplastada por la multitud -como en cualquier concierto de rock-, pero, simplemente, pasar ese momento con Eric, que era un gran amigo, fue hermoso.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Capítulo 6

Capítulo VI

No estoy bien.

" Me estoy hundiendo,
ahogándome en ti" -Evanescence

Había tocado la campana y tenía que cambiar de clase. Fui caminando por el pasillo para recoger mis cosas, iba todo bien, hasta que unos muchachos pasaron por al lado mío y al ver mi camiseta de Los Ramones me empujaron contra los casilleros, tan fuerte que caí al suelo. Me quedé ahí sentada como una idiota, sin reaccionar, mientras una lágrima recorría mi mejilla. Eras la tercera vez que sucedía en la semana. Nadie siquiera se inmutó en que yo estaba ahí y seguían sus vidas como si nada, y por supuesto, nadie se percató de darme una mano. Teresa había presenciado esa escena y me ayudó a levantarme.
- ¿Estás bien?
- Sí, mejor que nunca.
- Ya, deja de lado tu sarcasmo, esto es mas grave, ¿Vas a permitir que te sigan pasando por ensima? No podés permitir eso...
Me encogí de hombros- Lo sé, lo sé... Por favor, olvidémosnos del tema y vallamos a clase que no quiero llegar tarde.
- Está bien... Hey, ¿No has escuchado ese rumor de Ayelén y Damián?
- No.. ¿Qué pasó?
- Oh, nada importante que yo sepa, sólo es que se rumorea por ahí que se sacaron unas fotos, y no sé que más, al menos eso es lo que oí.
Cada una fue a su propia clase. Cuando entré al salón nuestra profesora nos había dejado un par de cosas en el pizarrón mientras ella se pasaba la clase hablando desde el celular o quizás jugando con él, siempre era la misma rutina. Que quede claro que, jamás copiábamos nada y pasábamos toda la clase hablando - en mi caso leyendo un libro - y nos dejaba hacer lo que quisiéramos.
Por lo general siempre estoy totalmente concentrada en mi libro, ajena a lo que ocurre a mi alrededor, me olvidaba de todo. Pero esa vez no fue igual que siempre. Me llamó mucho la atención que haya más alboroto que el común así que desvié mi mirada para observar a que se debía eso. Y allí lo vi.
Se iban pasando de personas por personas unas fotografías, no me hubiera desconcentrado de mi lectura ni dedicarme a ver eso si no fuera porque minutos antes mi mejor amiga me había hablado acerca de ese rumor. Sabía que a mi no me las mostrarían, así que comencé a poner más atención en ellas, pero no lograba distinguir que era.
Luego de que supuestamente todos las hayan visto, Ayelén se tomo la molestia de pararse de su aciento, acercarse hacia mi y ponerme las fotografías sobre mi mesa.
- Creo que falta que las veas tú -Me dijo con una pequeña sonrisa en la comisura de sus labios.
Comenzé a pasarlas lentamente una por una, no eran muchas, no pasaban en número de diez. Pero no eran fotos comunes, eran fotos de muy mala caña, como explicártelo, em... sucias. Y mientras las veía, una peor que la otra, Ayelén me miraba con una sonrisa de satisfacción. Sabía lo mucho que me gustaba Damián, esa era la única explicación lógica por la cual se haya acercado a la chica fantasma a mostrarle las fotos. 
Bueno, si querías honestidad, eso era todo lo que tenías que decir.
- ¿Te gustaron? -Me preguntó en el momento en que se las devolví.
- Sí, están hermosas. - Dije con un tono de evidente sarcasmo en la voz.
Damián giró su cabeza y me miró, yo le devolví la mirada pero algo más triste. ¿Acaso le había hecho algo como para hacerme eso?
Lamento haberte decepcionado o haber hecho que te fueras, pero... ¡Es mejor de este modo!
Sonó la campana y era hora de finalizar las clases, Ayelén me empujó y salió antes que nadie con sus dos huecas y falsas seguidoras.
Por todas las miradas sucias, y las fotografías que tu novio tomó.
- ¿Te sucede algo Sam?
- No, nada... Pensé que el haber sido compañera de clase de Damián, las cosas comenzarían a mejorar, podríamos hablar más seguido, al menos sabía mi nombre...
¿Recuerdas cuando te rompiste un pie por saltar del segundo piso?
- Pero que sepa tu nombre no quiere decir que esté interesado en vos, lamento haberte desilucionado...
- Descuida, ya se me fueron las esperanzas cuando vi esas fotos.
No estoy bien.
- Ayelén es una pobre infeliz, no te preocupes.
- Pensaba que las cosas iban a cambiar.. ¿Entiendes? Pero ella vino y lo arruinó todo. Está bien, es su novia. Pero me tiene harta.
Tú me fastidias.
-... Su vida es un cuento de hadas.
- ¿Por qué te vas a preocupar por ella? Dejala, solita se va a hundir.
¿Qué se necesita para hacerte saber que la vida no es lo que parece?
Sé que actuaba como una perfecta imbécil. Fui caminando sola hacia mi casa, no quería tomar el autobús ya que tenía miedo de que también yo entre en coma.
Te he dicho mil veces que cantas las palabras pero no sabes lo que significan.
Estaba harta de que Ayelén siempre me humille y me haga quedar mal adelante de todos.
Ser el hazmerreir de todos, y mirar a otra línea sin sentido. 
Te sustuve mientras ambos temblábamos por última vez... ¡Ten una buena y dura mirada! 
Pensé en que lo mejor sería escuchar un poco de música y desconectarme del mundo. Encendí mi MP5 y fui buscando en la lista de reproducción la canción que más me entendía en ese momento. "I'm not okay" de My Chemical Romance. Apreté la teclita del volumen hasta llegar al máximo, capaz de destrozarle el tímpano a cualquier otra persona.
Apenas llegué a mi casa, saludé a mis padres que en ese momento se encontraban allí, y fui directo a mi habitación. Agarré un marcador y comenzé a escribir las paredes, a escribir todo lo que pensaba y me había guardado. Realmente estaba muy furiosa por todo.
Dieron las cuatro p.m. y salimos con mis padres hacia el hospital. Había pasado casi una semana y todo seguía igual. En la sala de espera estaba Eric, ya que su madre estaba adentro y no quería molestarla, y yo hize exactamente lo mismo respecto a mi.
- Hola Eric...
- Hola Sam... Oye, te quería decir una cosa.
- Sí, decime.
- Mira... -Sacó dos papelitos de su bolsillo- Este es un concierto que se va a dar en quince días, de una banda que se llama Asking Alexandria, yo iba a ir con mi papá, pero... -Comenzó a ponerse mal- Bueno, ya sabes...
- Sí, lo entiendo. Es triste que yo haya tenido que conocer a tu padre de esta forma...
- Bueno, el punto es que no sé si te gustaría venir, porque no quiero desperdiciar una entrada.
- Oh... Claro, ¿Por qué no iré? - Dije con tono desinteresado, para que no se note que mataría con tal de ir- ¿No era esta semana el concierto?
- Sí, pero lo cancelaron y lo adelantaron quince días.
Quedamos en el lugar y el día donde encontrarnos, en verdad estaba muy feliz ya que la idea de ir a ver a esa banda realmente me fascinaba. Esta noticia me alegro mucho el día. Gracias Eric.